Desigualdad en Brasil

sábado, 5 de junio de 2010

La desigualdad: sus orìgenes

La ocupación organizada de Brasil comenzó en 1530, cuando Portugal envió a los primeros colonos para establecer asentamientos permanentes. Hasta ese momento, el territorio estaba escasamente poblado por tribus indígenas, y la llegada de los colonos supuso implementar un nuevo orden administrativo. La primer medida que se tomó fue crear un sistema de capitanías, que fue determinante para que, incluso hoy en día, Brasil sea un país con marcados regionalismos.
Con el paso del tiempo, los colonos desarrollaron un gran sentido de racionalismo y comenzaron a desear la independencia, que finalmente se logró el 7 de septiembre de 1822. Asimismo, unos años después, en 1889, se consagró una República.
Sin embargo, hasta ese momento, Brasil se caracterizó por una marcada desigualdad social basada en la esclavitud, lo que señalaba la amplia diferencia entre la población de la clase más alta, la dominante, y quienes vivían recibiendo órdenes y en una lamentable condición de pobreza.
En 1995 el gobierno brasileño asumió compromisos para combatir la pobreza y la exclusión social (que, como se expresó anteriormente, venía desde mucho tiempo atrás) en una Cumbre Mundial sobre Desarrollo Social, de Copenhague. Sin embargo, el Informe 2000 de Social Watch (edición brasileña) hizo un análisis en el que estableció una perpetuación de la desigualdad socioeconómica que sigue excluyendo a gran parte de la población de los beneficios sociales, culturales, económicos, tecnlógicos y científicos existentes. Esto demuestra que el gobierno brasileño no cumplió con los compromisos asumidos en Copenhague.
En el 2003 Lula llegó al poder, y bajo su mandato, Brasil se convirtió en ejemplo a seguir por los países emergentes para superar la crisis económica. La reciente Cumbre sobre Seguridad Alimentaria fue la última plataforma utilizada por Lula para exhibir los logros de su gobierno en la lucha contra el hambre. Asimismo, más de la cuarta parte del país se ve beneficiada gracias a la llamada Bolsa Familia, el programa asistencial más importante que aplicó el presidente bajo el lema Hombre Cero.
Aun así, Brasil arrastra graves problemas internos de difícil solución, que se concentran en uno solo: la desigualdad. Si bien en los siete años del actual gobierno esta desigualdad se ha reducido un 19%, sigue siendo el séptimo país más desigual del mundo.
En este sentido, podemos mencionar que en ciudades como Río de Janeiro la violencia en las favelas, que viven bajo el imperio del narcotráfico, se sigue agravando.

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